La escritura de los mayas

Actualmente un poco más de las tres cuartas partes de las inscripciones mayas se han podido descifrar con distintos niveles de exactitud, lo suficiente como para dar una idea panorámica de su estructura.

Las primeras inscripciones que son identificables como mayas datan del siglo III antes de Cristo, y la escritura fue usada hasta un poco después de la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI (e incluso más tarde en lugares como Tayasal).

El desciframiento de la escritura maya

La escritura maya usaba logogramas complementados por glifos silábicos que laboriosamente se pintaban en cerámica, muros o códices, se tallaban en madera o piedra, o se moldeaban en estuco.

Los glifos podían representar bien una palabra o una sílaba; a decir verdad, el mismo glifo con frecuencia podía usarse de las dos formas. Por ejemplo, el glifo calendárico MANIK se usaba asimismo para representar la silaba chi.

Igualmente hubo ambigüedad en sentido contrario: glifos diferentes se podían leer de la misma manera. Por ejemplo, media docena de glifos sin relación aparente se empleaban para escribir el pronombre de tercera persona u-, de uso muy común.

La escritura maya se escribía usualmente en bloques organizados en columnas de dos bloques de ancho, y se leían de la siguiente forma, de izquierda a derecha y de arriba abajo:

Dentro de cada bloque, los glifos eran dispuestos de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha. Además, los glifos a veces eran abreviados o condensados, en donde un elemento de un glifo sustituiría parte de otro.

La condensación aparece en otras escrituras: por ejemplo, en los manuscritos españoles medievales la palabra de a veces se escribía Ð (una D con el trazo central de una E). Otro ejemplo, en inglés, es la “y comercial” (en inglés ampersand) o et (&) que es una ligadura de la palabra “et” que se usaba en el francés normando.

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A veces, en lugar de la configuración usual de los bloques, se escribían los glifos mayas en renglones o columnas sencillas, o en forma de ‘L’ o ‘T’. Estas variaciones aparecían más frecuentemente cuando se adaptaban mejor al área disponible para escribir.

Los glifos mayas eran básicamente logogríficos, es decir, cada símbolo representaba un concepto, como “pescado” o “jaguar”. En general, los glifos utilizados como elementos fonéticos fueron en su origen logogramas correspondientes a objetos cuyas voces asociadas en lenguaje hablado eran monosílabos terminados en una vocal, en una consonante débil (como y, w, h) o en un sonido parecido al de la h en las interjecciones ¡uh!, ¡ah!, ¡eh! del castellano.

Los glifos fonéticos silábicos que surgieron de esta forma tenían dos funciones básicas: por un lado, servían como complementos fonéticos para concertar logogramas con más de un significado, y por otro se usaban para escribir elementos gramaticales que carecían de logograma, tales como inflexiones de los verbos.

Por ejemplo, la voz balam, jaguar, podía escribirse como un sólo logograma, o podía matizarse añadiéndole logogramas fonéticos, según contexto (ba—BALAM, o también BALAM-—ma, o ba—BALAM—ma, donde ba y ma son glifos fonéticos), o incluso podía escribirse de forma totalmente fonética, con tres glifos (ba—la—ma).

Los glifos fonéticos representaban sílabas formadas por consonante + vocal o únicamente vocal. La mayoría de palabras mayas finalizan en consonante, no en vocal, y también pueden encontrarse secuencias de dos consonantes en medio de la palabra, como en xolte’, “cetro”, que es CVCCVC.

Cuando estas consonantes finales eran sonantes (l, m, n) o glotales (h, ’) a veces se omitían en la escritura, pero más frecuentemente las consonantes finales se escribían, lo que significa que también aparecía una vocal extra. Ésta era típicamente una vocal “imitativa” que repetía la de la sílaba anterior. Así, la palabra kah, “aleta de pescado” se escribiría ka-ha.

Sin embargo hay muchos otros casos donde se usaba otra vocal final, y sus reglas ortográficas sólo se han comprendido parcialmente.


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